Sobre nosotros

San José de Calasanz

San José de Calasanz (1557-1648), nombrado “Patrono Universal de todas las escuelas populares cristianas del mundo en 1948 por el Papa Pío XII, fue el creador, en 1597, la primera escuela pública popular gratuita en Europa.

Proclamó el Derecho a la Educación de todos los niños y luchó por ello, siendo perseguido por este motivo. Pero tuvo un rotundo éxito en su propósito, pues respondió a los retos y necesidades de su época.

En abril de 1597, visitaba junto con otro compañero el barrio del Trastévere en Roma para ayudar a los pobres. Allí, en la iglesia de Santa Dorotea, se encontró con una limitada escuela para niños pequeños llevada por unos voluntarios. Le gustó mucho esta obra y comenzó a ocuparse de ella. En ese momento, Calasanz encontró su Misión: “Evangelizar educando”. Decía: “He encontrado en Roma el mejor modo de servir a Dios ayudando a estos pobres chiquillos, no lo dejaré por nada de este mundo”. Y, en ese camino, Dios le hizo santo.

Para que todos los niños pudieran asistir, quiso que la escuela fuera gratuita. Aquellos niños y su escuela le fueron ganando el corazón e hicieron que se entregase totalmente a ellos. Por eso, al comenzar el año 1600, José de Calasanz decidió llevar las escuelas al centro de Roma, para que pudiesen acudir más niños. Así nació la primera escuela popular, pública y gratuita de la Edad Moderna en Europa. Una forma de escuela que, desde entonces, ha promovido el derecho a la enseñanza de todos los niños del mundo sin ninguna discriminación.

“Calasanz, un hombre convertido”

Calasanz es una persona buena, aunque se dan dentro de él unas resistencias que le impiden la entrega total a Dios. La luz del Señor descendió sobre él, entrando con fuerza en su interior, y comprendió cómo debía seguir a Jesús. Su propio camino.

“Calasanz, un hombre con corazón sencillo”

Calasanz luchó con todas sus fuerzas por conseguir una canonjía. Y él mismo, transformado por Dios, dedicó los 50 años del resto de su vida a lo que era considerado “ejercicio vil y despreciable”, al que llamó “ministerio de ángeles”.

“Calasanz, un hombre de confianza y esperanza”

Esperó contra toda esperanza. Esperó hasta más allá de la muerte. Esperó aún cuando todo parecía irle en contra. La esperanza, la más sencilla de las tres virtudes teologales, brilló en él con nuevo fulgor. Fue una luz potente que iluminó el futuro y consiguió la resurrección de su Obra.

“Calasanz, un hombre que camina por las sendas del Espíritu”

Calasanz fue haciendo hincapié en algunas virtudes que le fueron forjando interiormente, en las que insistía constantemente porque propiciaban el ministerio que ejercían. ¿Cómo no citar el amor al prójimo? ¿Qué más decir de la esperanza? Paciencia, ¡y tanta! Nadie lo vio nunca impaciente. No podemos olvidar su alegría, su paz y serenidad.

“Calasanz, un hombre mariano”

Lo veremos en las “Plegarias”.

“Calasanz, un hombre que siguió a Jesús en el sufrimiento hasta la cruz”

Calasanz siguió al Señor confiando plenamente en Él. Le siguió cuando fue rompiendo sus planes. Le siguió cuando le condujeron el 8 de agosto de 1642 al Santo Oficio sin ninguna culpa. Le siguió cuando lo sacaron de General y pusieron de Vicario al P. Mario Sozzi. Le siguió cuando redujeron la Orden a Congregación sin votos. Le siguió, muriendo en la cruz, ya que el Instituto estaba destruido. Calasanz amó a Jesús, amó la cruz, murió en ella y, por eso, Dios la resucitó en sus hijos cuando, nueve años más tarde, el papa Alejandro VII reconoció de nuevo la Obra de Calasanz.

“Calasanz, un hombre enamorado de la voluntad de Dios”

La voluntad de Dios, Su querer, es lo que domina y dirige su vida.

“Calasanz, un hombre despojado de todo”

En la conversión, Dios le despoja de todo. Y así lo hace pobre. En 1606 tendrá que pedir permiso al Papa para mendigar por Roma. ¿Dónde están los atuendos de los años anteriores?

“Calasanz, un hombre conquistado por los niños pobres”

En sus correrías por Roma, José se encontró con niños pobres. A cada paso que daba, había un mocoso, sucio y malhablado, pegado a su sotana. Nadie les atendía, nadie les enseñaba otras cosas. Y se fue encariñando de ellos. Se fue preocupando por ellos, buscando y encontrando soluciones.

“Calasanz, un hombre de oración”

La oración estuvo muy presente en el proceso de discernimiento de su vocación. Vivió pared con pared con los franciscanos conventuales y estuvo dirigido por los carmelitas que implantaron la descalcez en Roma. Todo esto le llevó a intensificar la oración en su vida.

“Calasanz, un hombre entregado a la Educación”

Hasta ese momento nadie se había puesto a educar a los pobres y en tan gran número. Pero él quería educar a todos. Calasanz no deseaba simplemente educar unos determinados niños, sino que la Educación fuera el motor del futuro, también la ciencia, e impulsó y animó a sus hijos a formarse en ella.

“Calasanz, un hombre de Iglesia”

El Papa Inocencio X redujo la Orden de las Escuelas Pías a Congregación sin votos. Llama la atención la pronta y total obediencia de José a los mandatos y exigencias de la Iglesia. Sabía que aquella Obra la había querido el Señor. ¿Había motivo para querer destruir las Escuelas Pías? José aceptó, no se rebeló, pero tampoco abandonó su Obra.

Nació en Peralta de la Sal, en la provincia aragonesa de Huesca, España, en el año 1557. Hijo de Pedro de Calasanz, alcalde del pueblo, y de María Gastón, último de ocho hermanos. Con doce años, José dejo su pueblo y marchó a estudiar cerca de su lugar natal. Tras sus estudios humanísticos, muy joven manifestó su decisión de hacerse sacerdote, cursando filosofía en la  Universidad de Lérida y teología en Valencia y Alcalá de Henares.

Inicialmente su padre no aceptó, pues muerto su hermano mayor, pensaba que José debería encargarse de la administración de los bienes de la familia, pero despues transó y fué ordenado sacerdote en 1583. Tras varios años de trabajo en España, viajó a Roma en 1591 donde fue preceptor de la familia del cardenal Colonna.

En 1598, una inundación del Tiber produjo enormes daños. Trabajó en la ayuda de los afectados y en una cofradía de apoyo a los enfermos, por los barrios arrasados. Le impactó ver tantos niños sin escuela por falta de medios económicos, y comenzó a idear la creación de una escuela gratuita abierta a todos, especialmente a los más necesitados. Propuso su idea a la Iglesia y al municipio, pero todos la rechazaron.

Lo hizo entonces solo. En la sacristía de la parroquia de Santa Dorotea, barrio pobre del Trastévere, comenzó en 1597 la primera escuela gratuita de Europa, la “Escuela Pía” (de piedad y para pobres).

Con otros profesores, dedicó el resto de su vida a abrir las puertas de las escuelas a todos. La novedad que introdujo Calasanz era enseñar a los pobres, pues hasta entonces la enseñanza se limitaba a clases individuales o a pequeños grupos por un preceptor pagado. En 1617 logró asentar su obra como Orden Religiosa, y, tras verla extendida por Europa falleció en Roma el 25 de agosto de 1648, donde sus restos reposan. Su obra fue seguida por otros fundadores, y, finalmente, por los diversos Estados. Beatificado en 1748, fue canonizado en 1767. Pío XII en 1948 lo nombró Patrono de las Escuelas Populares Cristianas.

Los escolapios están en Chile desde 1886 y en 42 paises más. hoy educan evangelizando a 125.000 niños y jóvenes.